carpinteriaMe levanté temprano, más de lo usual, aún el sol no mostraba su rostro alegre y cálido, un agradable frío acariciaba mi pequeña habitación,  al tratar de mirar por la ventana no podía distinguir las ramas de los frondosos árboles que siempre están allí diciéndome: ¡el mundo es maravilloso, vívelo!

Aún la penumbra ejercía su dominio,  todo estaba en silencio tanto que podía escuchar el fuerte chocar de las alas de un insecto y que al encender la luz de mi nueva lámpara que había comprado apenas hace unos meses para poder disfrutar de mi hobby favorito(la lectura), quedé asombrado de lo increíble que es la naturaleza al acercarme al insecto y ver lo pequeño de su tamaño, después de un rato, me di cuenta que mis pensamientos me generaban una emoción extraña como de inquietud y ansiedad, por el hecho de saber que tenia que dictar la charla a los ejecutivos de la compañía que habían solicitado mis servicios para mejorar su trabajo en equipo. Sabia de la problemática que atravesaba dicha empresa y lo difícil que se les había hecho cumplir con sus proyectos debido a sus diferencias y poca colaboración, pensaba la mejor manera de motivarlos y de pronto como por arte de magia cual musa, apareció un recuerdo sobre una situación vivida con mis hermanos y que mamá solucionó contándonos la fábula de la asamblea.

Mamá nos relató sobre una reunión o asamblea que tuvo lugar en una pequeña carpintería de una pequeña aldea.

El motivo de dicha reunión fue para arreglar sus diferencias. Contó que el martillo ejerció la presidencia pero la asamblea le pidió la renuncia porque según ellos, hacía demasiado ruido y golpeaba muy duro (querido lector busca a alguien en tu entorno que se parezca al martillo).

El martillo aceptó sus fallas, pero exigió que también fuera destituido el tornillo, ya que había que darle demasiadas vueltas para que sirviera de algo. Me recuerda a mi hermano pedro cuando mama lo mandaba  a comprar algo en el abasto de la esquina.

El tornillo aceptó pero solicitó que fuera expulsada la lija, ya que ella era muy áspera en su trato y siempre tenia fricciones con los demás.

La lija no muy convencida estuvo de acuerdo, pero puso como condición que fuera expulsado el metro, ya que se la pasaba midiendo a los demás según su medida, como si fuera don perfecto (busca amigo lector a alguien con esas características en tu vida).

Cuando de pronto, entró el carpintero, un hombre con rostro de sabio, muy seguro de sí mismo, se colocó un delantal hecho de un saco de esos que almacenan harina e inició su labor, utilizó el martillo, la lija, el metro y el tornillo con tanta maestría y destreza que al poco tiempo hizo de unos pedazos de madera sin forma y toscos, una hermosa silla con sus detalles finamente acabados para el disfrute y utilidad de todos.

Al marcharse el maestro y estar nuevamente la carpintería sola, la asamblea reinició su deliberación. Entonces tomó la palabra el serrucho y dijo.

-¡Señores!, ha quedado demostrado sin ninguna duda, que todos tenemos defectos, pero el carpintero trabaja con nuestras cualidades, virtudes y habilidades, eso es lo que nos hace valiosos. Así que no pensemos ya en nuestros defectos y esforcémonos por ver lo bueno que cada uno tiene. (Amigo lector has una pausa, y piensa en lo bueno que tiene cada ser que comparte día a día contigo).

La asamblea encontró así que el martillo era fuerte, el tornillo unía y daba fuerza, la lija era especial para afinar y limar las asperezas, y descubrieron que el metro era preciso y exacto.

Se sintieron entonces un verdadero equipo, capaz de producir y hacer cosas de calidad, se enorgullecieron de sus fortalezas, habilidades y virtudes y desde ese entonces trabajaron juntos como un gran equipo.

Me dirigí al computador, escribí el relato y lo demás es historia de éxito.

Amigo lector detente y escribe en un papel todas tus  fortalezas, tus habilidades y virtudes y concéntrate en ellas, visualízalas y aprópiate de ellas, haz esto por 21 días seguidos y pronto notarás cambios positivos en tu vida.

Aprovecha este gran tesoro que nos da el comprender, aceptar y valorar las diferencias individuales, nos dará la luz para convivir y trabajar por un bien común “La Humanidad”.

Deseo te haya gustado este artículo y serán apreciados tus comentarios.

Los quiere.

Jairo Jaimes.