Crisis valoresMucha gente habla en la actualidad de crisis o pérdida de valores. Pero pocos están conscientes que el verdadero problema está en el desconocimiento de los principios que son en realidad los que gobiernan a la humanidad, son la brújula.

De hecho las leyes universales, como la ley de gravedad, son principios. No los podemos controlar.

Ellos perduran, son constantes y son autodemostrables.

Todo esto nos dice que el mayor problema está en no alinear nuestros valores a los principios. Cada quien pretende que sus valores son los correctos o adecuados y muchos hasta luchan por diferencias de valores.

Imaginemos por un instante que a alguien se le ocurriera enfrentarse u organizar un grupo en contra de la ley gravedad. ¿Qué pasaría?

Sería una total alteración, un desgaste, una pérdida de tiempo.

Sin embargo, día a día, vemos personas actuando en contra de los principios en nombre de sus valores.

Todo lo que dañe, está alterando un principio.

Si nos vamos al área laboral, concretamente al sector agrícola. Una siembra requiere pasar por unas fases específicas que hay que respetar si se desea obtener la cosecha esperada. ¿Qué sucedería si el agricultor deja para última hora alguna de las acciones propias de las primeras etapas? ¿Qué obtendrá?

Alterar el proceso, significa alterar principios y esto a su vez significa, tener consecuencias que no se pueden controlar.

Por lo tanto, es necesario retomar el camino, aclarar nuestras acciones, revisar si estamos alterando algo, si estamos dañando, atrasando algo o a alguien; por más mínimo que sea, significa que debemos alinearnos más con los principios.

Para ponerlo más sencillo, veamos ejemplos:

  • Si llegamos tarde al trabajo
  • Si no cumplimos con nuestras asignaciones.
  • Si colocamos música a un volumen exagerado
  • Si aprovechamos al amigo o amiga que está en la cola del banco, para ahorrar tiempo y nos coleamos.
  • Si al conducir nos pasamos una luz de alto porque no viene nadie.

Detallando un poco más…

Tomemos el ejemplo de la persona que se encuentra un amigo en la cola del banco, entonces aprovecha lo que considera la oportunidad para ahorrar tiempo y llegar más rápido a la oficina, está pensando de manera positiva de sus acciones: “Qué suerte” “Ahorré tiempo”, pero si revisamos el pensar y sentir de los que se encuentran detrás en la cola, la situación es otra. Puede generar malestar, en otros pasividad, en otros desarrollar ira y en general está causando alteraciones.

Este ejemplo representa una forma sencilla para darnos cuenta que la brújula necesita ser equilibrada.

Respetar el orden, a las otras personas, asumir las consecuencias de nuestras acciones, es esencial para lograr alinear los valores con los principios.

Recibe un abrazo de Bienestar.

Dalia Borges

Tu coach de la efectividad.